Detente... Tú Puedes Cambiar las Circunstancias
 
  • *“No somos víctimas de las circunstancias, nosotros creamos nuestras propias circunstancias...”
 
Jueves 14 de Septiembre de 2017.- Sin embargo, en diversas ocasiones nos preguntamos sorprendidos por qué las cosas sucedieron como sucedieron y buscamos de inmediato a un culpable o responsable para poner a salvo nuestra irresponsabilidad.

Desde luego, existen acontecimientos fruto de la casualidad fuera de nuestro control, como un terremoto, una tormenta, un accidente en el cual no fuimos protagonistas: otro manejaba, una piedra nos cayó, un rayo, etc., pero en la mayoría de las ocasiones no es la casualidad sino la causalidad; nosotros mismos producimos que nos despidieran del trabajo, que nuestra pareja nos abandonara, que no exista la comunicación con nuestros hijos entre muchas otras situaciones por las que atravesamos y que según nosotros son inexplicables.

Las crisis personales son extraordinarias oportunidades para crecer y esto es posible cuando reconocemos nuestro papel protagonista en dichos sucesos, cuando tenemos la capacidad de absorber nuestros propios errores, cuando esto sucede somos victoriosos de la crisis, la adversidad se convierte en buenaventura, el fracaso en sabiduría, el error en luz, estamos listos para seguir avanzando...

Por el contrario, la obstinación por “tener la razón” nos ciega, nos lleva a cometer nuevamente el mismo error, hay a quien por supuesto le sorprende la muerte y estaba equivocado, se despide de este mundo renegando de que en vida nadie lo pudo comprender, no es mas que soberbia por no asumir la responsabilidad de los hechos de su vida.
Es triste y al mismo tiempo maravilloso comprender nuestras equivocaciones, maravilloso porque la luz nos iluminó, triste por el tiempo que perdimos y nunca más volverá.

Detenerse, palabra necesaria para asimilar las lecciones que nos da la vida, para ello es indispensable   ser humilde, no para resignarnos a las circunstancias que nosotros mismos hemos creado sino para aprender lo que aún nos falta por aprender.

Cuanta grandeza encierra el espíritu de aquel ser humano que se deja por la vida enseñar. Caminando por la existencia mientras asimila en su alforja la experiencia que día a día la vida le ofrece, parafraseando a un gran escritor, tal vez por muy pocos conocido, el maestro Eric Fromm; “TODOS PODEMOS SER NUESTROS PROPIOS PSIQUIATRAS SANÁNDONOS DIARIAMENTE, GRACIAS A LA REFLEXIÓN PODEMOS EXTRAER DE CADA MOMENTO LA LECCIÓN DE CÓMO SER MEJORES”

¿Cuántas cosas de ti no te gustan?, ¿Cuántos aspectos de tu vida te gustaría cambiar? Si hay cosas por cambiar ¿Porqué no las cambias?

En lugar de ello nos dedicamos a querer cambiar al otro, darle consejos de todo tipo sobre lo que debería o no debería de hacer. Sin caer en la cuenta de que “yo no soy el otro”, y de que cada persona vive en circunstancias diferentes, con soluciones completamente diferentes. Deberíamos decirnos más a menudo.
¿Quién soy yo para cambiar a los demás?. Cuando tengo también unos cuantos ajustes que hacer a mi vida.

Querer cambiar al otro es una proyección, es algo que lanzamos ahí fuera porque somos incapaces de cambiar nosotros desde dentro.
ANTE LA DIFICULTAD, ES MÁS FÁCIL VER LA PAJA EN EL OJO AJENO QUE LA VIGA EN EL PROPIO.

Generalmente las cualidades que queremos cambiar en los demás forman parte de nuestra sombra, de ese saco de cosas y cualidades que hemos desterrado de nosotros mismos, que no queremos ni ver, con las que nos llevamos bastante mal, pero que sin embargo siguen ahí llamando a tu puerta diciendo “eh, estoy aquí, ¿vas a aceptar que también formo parte de ti o tengo que seguir apareciéndome en otras personas?
Yo sé que te encantaría, sé que te gustaría mucho poder cambiar a esa persona que tú y yo sabemos.

“Ah, si fuera un poco más…”
“Si tan sólo cambiara…”
“Debería de…”
“Tendría que…”

Pero en realidad podemos aconsejar con el ejemplo, eso si.  Pero es él o ella quien debe de darse cuenta, si quiere, y darse cuenta que necesita cambiar. Cada persona está librando una particular batalla interior consigo misma, no la juzgues, solo aconsejala.

En realidad cada uno,  es el que decide el cambio. Por mucho que nos duela a veces aceptarlo.

Y si no es mejor, es porque no ha aprendido a hacerlo de mejor manera. No lo culpes, recuerda: Cada uno está librando su propia batalla consigo mismo ¿ya  libraste  la tuya?.

Sin embargo, sí que hay una posibilidad. En realidad no todas las esperanzas están perdidas. Sí que podemos cambiar al otro si cambiamos NOSOTROS MISMOS. Hay una ley sistémica que nos dice que en un sistema, si una parte hace un cambio, hace que las otras partes tengan también que cambiar. No puedes cambiar al otro, pero sí  puedes cambiar tú. Y en ese cambio que has realizado es posible (sólo posible) que el otro también cambie.
Quizás esta sí que sea una forma más saludable de afrontar este tema: “COMO NO TE PUEDO CAMBIAR, VOY A CAMBIAR YO”.

El proveedor que quiere que sus clientes cambien puede ser más cercano y comprensivo con sus circunstancias…
La pareja que quiere que su amado/a cambie puede ser más amoroso (incondicionalmente) hacia él/ella…
El padre o la madre que quiere que su hijo cambie puede comportarse con menos tensión y rigidez, pero recordemos que hay que predicar con el EJEMPLO…

Y lo mejor de todo es que la vida generalmente no nos decepciona, y nos da grandes lecciones que siempre tienen que ver con nosotros mismos.
 “La mente es un lugar de gran almacenaje y es allí donde deben comenzar los cambios, donde hay que desterrar y arrancar todos aquellos conceptos que lastiman tu vida, te hacen sufrir y permanecer herido. Todo comienza en tu cabeza”.
 “Si te resistes y no vives ni cambias, solo permaneces”.
 
 
14 Sep 2017
 
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