Un buen alcalde para Tapachula
 
  • Sin Límite…
 

Tapachula, Chiapas; 13 de febrero de 2018.- Para la inmensa mayoría de los que vivimos en Tapachula, un buen candidato a la Presidencia Municipal sería aquella persona que cuente con fama pública de honrado, trabajador y con un invariable compromiso con la tierra que lo vio nacer. Sea mujer o sea hombre.

La escolaridad es parte importante del perfil que Tapachula requiere. Siempre y cuando los grados académicos no provengan de escuelas patito, de esas que tanto han proliferado en la aldea en los últimos años.

Pero, más allá de las credenciales escolares, lo que a Tapachula le urge es una persona decente, honesta, honorable, que desde su infancia le hayan inculcado los valores fundamentales. Porque de los cínicos, los bandidos, los sinvergüenzas, los ladrones, los corruptos, los mentirosos, nuestra gente está hasta el copete.

Dicho de otra manera, lo que los tapachultecos requieren es una mujer o un hombre que se atreva a dar un enérgico golpe de timón en la administración municipal. Que tenga un alto sentido de responsabilidad y que no llegue a la caja de cristal únicamente a llenarse las alforjas; que sea gestor incansable y que haga suyos los añejos reclamos de los que aquí vivimos.

Para nadie es un secreto que, desde los últimos años de los 90 y hasta nuestros días, la Presidencia Municipal de Tapachula ha sido vista como un excelente filón de oro que, mágicamente, convierte en nuevos ricos al puñado de valientes que se hacen del control municipal de las arcas públicas.

En no pocas ocasiones, algunos ni siquiera han podido concluir su período porque han salido huyendo ante el temor fundado de que los refundan al bote por meterle mano a la hacienda municipal.

Y esto, que en cualquier lugar medianamente democrático sería visto como una anormalidad, se ha ido volviendo –poquito a poco– en una normalidad que ya es aceptada por la gran mayoría de agraviados, de defraudados, de robados a plena luz del día.

Lo que Tapachula requiere, con extrema urgencia, es una persona que no se sienta el non plus ultra, sino que admita, con toda humildad, que es tan solo un tapachulteco con la espléndida oportunidad de servirle a sus conciudadanos. Repito: puede ser mujer u hombre. La decencia no distingue géneros.

Que se atreva a ponerse la camiseta de Tapachula y que no nos trate de engatusar con esos viejos estribillos de que “ama a Tapachula” o que le dará “nuevo brillo a la Perla del Soconusco”. Lo que nuestra gente reclama son evidencias, no discursos encendidos pero más falsos que un billete de quince pesos.

En apretada síntesis, lo que en Tapachula queremos es un inquilino que a la caja de cristal llegue a trabajar por el pueblo y no solo a tramar –rodeado de sus parientes, cuates y lambiscones– cómo se roba la lana que ingresa a nivel local y la que llega por concepto de participaciones estatales y federales.

Y que no pierda de vista lo que la mayoría clama:

1. Menos corrupción y más acciones de beneficio colectivo. Que las obras públicas se concursen a la vista de todos y se asigne a los contratistas honrados y eficientes –que sí los hay– para que el dinero de todos rinda más y se aproveche al máximo. Que el famosísimo diezmo –que en la actualidad se cobra dos y hasta tres veces en una misma obra– sea parte de la nefasta historia de los ayuntamientos anteriores y nunca más figure como oprobiosa práctica de administración municipal.

2. Más honradez y menos ambición de volverse un nuevo rico en tiempo récord. Que los proveedores se definan mediante concursos públicos, abiertos, al alcance de todos, para que no tengamos más empresas fantasmas de reciente creación –propiedad de los miembros del cuerpo edilicio o de funcionarios de alto nivel– que venden desde un lápiz hasta un helicóptero. Porque hoy en día, es un secreto a voces que los lápices, que en cualquier papelería cuestan 2 pesos, los proveedores de cabecera de los ayuntamientos se los facturan hasta en 20 pesos.

3. Más seguridad para todos. Lo que nuestra gente quiere es moverse con libertad dentro de la aldea. Que al ir caminando por las calles, o viajando en el transporte colectivo o particular, su vida, sus bienes y su tranquilidad no corran peligro alguno. Que todo ciudadano, sin excepción, no les tenga más miedo a los policías que a los ladrones.

4. Que la seguridad sea garantizada por la policía preventiva y que los elementos de esta corporación no solo sean utilizados para cuidar al alcalde, a los regidores, a los funcionarios de gobierno o, de plano, para fortalecer nexos con la delincuencia mientras nuestra gente siente que habita en un pueblo sin ley.

5. Que el suministro de agua entubada llegue a diario a las casas de los tapachultecos. Y que los usuarios del Coapatap puedan contar con la seguridad de que, cada que abran la llave, el vital líquido fluirá en sus estanques o cisternas. Que se informe, además, a toda la población, el monto de la millonaria deuda que arrastra el Comité de Agua Potable por culpa de los ayuntamientos corruptos que siguen tercamente utilizando a ese organismo como caja chica.

6. Que el alumbrado público sea una asignatura de carácter obligatorio para el ayuntamiento. Que se invierta tanto como sea posible para hacer de este importante servicio público un elemento adicional para brindar seguridad a transeúntes y que no haya necesidad de que los representantes de las colonias deban andar de limosneros para que les pongan una lamparita o les reparen algún balastro.

7. Que la recolección de basura sea asumida como responsabilidad obligatoria del ayuntamiento. Que no sigan con esa inmoral lista de pretextos y justificaciones para tratar de evadir su responsabilidad de brindar este importante servicio público.

Con estas cuantas pinceladas, ya podemos ir diseñando el perfil que le urge a Tapachula. Si sabe usted de alguien, respetable lector, que cubra los requisitos mínimos, solo tendrá que deslizarnos su nombre. ¡Porque de engañifas, cínicos y sinvergüenzas ya estamos hasta la coronilla…!

Alberto González Martínez

 
 
13 Feb 2018
 
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