Tapachula, Chis. 16/11/2018 24oC

* ¿Histórica guerra sucia?


COLUMNA HUESPED

Sin Límite…
Alberto González Martínez

Lo ocurrido en la última sesión del cabildo huacalero ha dado pie para defensas a ultranza y para ataques virulentos. Salvo contadas excepciones, un alto porcentaje de los integrantes del cuerpo edilicio, secretarios y directores de áreas, cree que la crítica es un insulto.

No es así. Pero como nacimos y crecimos bajo un régimen monolítico, siempre acostumbrados a que las voces críticas, disonantes, fueran acalladas mediante la violencia o el reparto generoso de dinero y otras dádivas, aún en nuestros días muchos creen que los que señalan disfunciones de la administración pública son ardidos, buscan una chamba, un chayote, o sirven al nefasto priato.

Esa visión, además de injusta, es sumamente reduccionista. Por supuesto que abundan los que súbitamente se vieron fuera de la nómina y hoy pegan de brincos porque ya se habían acostumbrado a vivir bien, trabajando poco y ganando bastante.

Otros, ciertamente, son los innumerables resentidos que solo aprendieron a vivir del erario aún a costa de vender su dignidad. Todos ellos, al sentirse damnificados, no titubean para lanzar denuestos a la administración municipal entrante. Se sientes burlados, desechados, eliminados, corridos.

Pero también hay muchos que disparan fuego amigo. Que aun estando dentro del organigrama municipal se sienten subempleados, desaprovechados, degradados. Y filtran cuanto ven y oyen y hasta le ponen de su cosecha para aderezar mejor el chisme.

Pero, por ser cierto hay que decirlo y escribirlo: hay ciertos especímenes que no se pueden encasillar en los apartados anteriores. Todavía quedan algunas y algunos que, con seriedad, escriben y hablan porque les gusta y lo hacen con la mejor de las intenciones: contribuir a la búsqueda del bien común.

¿Tan difícil es entender este fenómeno?

Medir a todos con el mismo rasero no solo es injusto sino, además, absurdo.

Esto sale a cuento porque en días pasados, después de la memorable regada de tepache en la última sesión del cabildo, los funcionarios de primer nivel del ayuntamiento recibieron la orden de colocar en la red un texto patético, en el que arremeten rabiosamente contra los malosos que están orquestando una “histórica guerra sucia”.

Tal aseveración es más falsa que un billete de quince pesos.

Sostienen que a diario surgen “trolles”, “bots” y “perfiles falsos de Facebook” que se esconden cobardemente en el anonimato. Quizá tengan razón. Pero quienes no lo sabían ya se enteraron por ellos mismos.

Además, llama poderosamente la atención que por lanzar estos conmovedores lamentos olviden que el alcalde con toda claridad les ha ordenado, tanto en público como en privado, que no pierdan su tiempo en el Facebook ni en otras redes sociales, que eso es para ociosos no para trabajadores que tienen una encomienda en el gobierno municipal.

La pregunta, entonces, surge inevitable: si tienen prohibido asomarse a las redes sociales, ¿cómo se han enterado de los malosos “trolles”, “bots” y demás fauna cibernética que no los deja dormir a gusto?

Ya encarrerado, el autor del texto –que fue enviado a los altos jefes y oficiales para que lo publicaran en sus muros personales– continúa con sus desvaríos: dice que “no ha habido chayote para seudo (SIC) periodistas que viven de extorsionar políticos corruptos”.

Esa sí sería una excelente noticia, si fuera cierta. Lamentablemente, ya ha empezado a correr el dinerito público para que los más desacreditados plumíferos a sueldo se pongan a defender lo indefendible.

Tan es así que los más feroces defensores del candidato perdedor del Verde Oportunista ahora se han sumado alegremente a la oficina de comunicación social del ayuntamiento. ¿No es eso una contradicción flagrante?

El trasnochado redactor del panfleto de marras, sin grandes conocimientos de los mandamientos ortográficos y sintácticos de nuestro idioma, comete un desliz gravísimo: hace referencia a “funcionarios que esperan jugosos sueldos que nunca en su frustrada existencia han ganado como profesionistas” para ilustrarnos sobre el fuego amigo que los ha puesto de cabeza.

Pero donde el autor del texto comete una pifia monumental es cuando se pone a dar palos de ciego. Culpa, también, de la “histórica guerra sucia” a los Morenos “ofendidos en el retiro obligado por sus traicioneras acciones en contra de su naciente partido…”. ¿Por qué no dan nombres para que todo el pueblo se entere quiénes son los malosos morenos resentidos?

Y donde de plano cualquiera se pone de pie, para aplaudirle estruendosamente al autor del panfleto, es cuando presume de algo etéreo: “contamos con los 80 mil ciudadanos que este 1o. de julio dijeron ya basta al atraco y corrupción…”. Nadie les dio un cheque en blanco, para presumir tal cosa.

Y, a manera de despedida, brota el tono amenazante: “si entre nosotros se descubre con pruebas algún corrupto lo bajamos, los exhibiremos para que la sociedad los juzgue…”.

Usted, agudo y respetable lector, estará de acuerdo en que una primera pregunta obligada es: ¿Quién ordenó la redacción de este patético texto que luego sería enviado a todos los altos funcionarios municipales para que lo publicaran en sus cuentas personales de Facebook?

Otras: ¿Quién, en su sano juicio, puede redactar tantas elucubraciones juntas sin causar hilaridad entre los lectores? ¿Será acaso una burda maniobra para embolsarse algún dinerito por tan sesuda asesoría?

De lo que no hay duda es que el alcalde no tiene buena esquina, como se acostumbra decir en el argot pugilístico. Le súper urge conseguir una persona experimentada, un asesor o asesora de buen nivel, con oficio y conocimientos, para que lo auxilie tanto en las sesiones del cabildo como fuera de ellas.

Los matraqueros que lo marean con textos melodramáticos, que lo enredan con cursitos para supuestamente cumplir con la Organización Internacional para la Normalización (ISO) y le atizan las fobias contra los malosos que critican a su administración, en realidad no sienten un genuino amor por Tapachula sino simplemente buscan llevarse unos pesos a los bolsillos. Son mercenarios, pues.

Quien así no lo entienda seguirá tercamente lanzando mandobles contra los molinos de viento.

Y Tapachula merece mucho más que eso.

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08/11/2018