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En San Lázaro, prenden los motores para la revisión de la economía

TREN PARLAMENTARIO // VICENTE BELLO

Ciudad de México; 12 de agosto de 2019.- El 8 de septiembre de cada año es el día en que el Ejecutivo Federal deberá entregar a la Cámara de Diputados el paquete fiscal del año próximo, conformado por los Criterios Generales de Política Económica, Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos.

Parece que falta mucho tiempo. No es así. Las comisiones que dictaminarán, la de Hacienda y la de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados, han comenzado los preparativos para el comienzo de recepción de gente que, cada año, anda en busca de una partida presupuestal.

Este lunes 12, en San Lázaro, deambuló por los pasillos un grupo de presidentes municipales de diversas entidades de la República; como también lo hicieron ya algunos gobernadores la semana pasada, no en los territorios de la Cámara de Diputados sino en las oficinas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.  

El propósito de esta movilidad en San Lázaro ha sido hacerse presentes para los fines presupuestarios.  De hecho, desde finales de julio gente de las universidades públicas también lo hicieron. 

Hay una gran expectación por la forma en que la Cámara de Diputados asumirá el trabajo éste de los ingresos y los egresos, así como también de la medición y cálculo de los linderos que se le pintarán a la economía nacional el año próximo.

Crecimiento, inflación, tipo de cambio, tasas, precio internacional del crudo para fines presupuestarios,  déficit, son los parámetros fundamentales que se utilizan para decirle a todo el mundo cómo caminará la economía en un lapso determinado.  

Desde que comenzó el sexenio ha habido una guerra por los números de los también llamados Supuestos Macroeconómicos. Una guerra entre el grupo que llegó al gobierno de la República y la pandilla que se fue, acompañado éste por organismos financieros internacionales que un día buscan meterle el pie a Andrés Manuel López Obrador, y el otro día también.

Literalmente todos los días López Obrador tiene que enfrentar aseveraciones de organismos financieros de que no habrá crecimiento en 2019, los mismos que anhelaban que el crecimiento se detuviera cuando menos dos trimestres, para gritar a los cuatro vientos que México estaría en una recesión.

El gobierno de Amlo se defiende diciendo que a partir de este nuevo régimen la medición del crecimiento ya no tendrá importancia para el país, si éste no va acompañado de la medición también del desarrollo.

La sola medición del crecimiento -dejando de lado el desarrollo- hizo que el país entrase en un periodo de desigualdad brutal. Crecimiento para unos cuantos, ha criticado López Obrador, al grado de que México es el cuarto país del mundo -después de Estados Unidos, Japón y Alemania- con más multimillonarios.

Ahora lo que se buscará -ha advertido el gobierno lopezobradorista- es que haya crecimiento con desarrollo, porque entonces así habrá menos desigualdad en México. Es decir, que la riqueza se reparta más, y llegue lo más horizontalmente a una población que, por decenas de millones de habitantes, permanece varada en los estándares de la pobreza extrema.

Y este parámetro compuesto -de “crecimiento con desarrollo”- no lo ha utilizado jamás ni el Banco Mundial, ni el Fondo Monetario Internacional, ni tampoco las empresas aquellas que se han dedicado a calificar los índices económicos de los países que se los piden.  

Una de esas calificadoras, por cierto, acaba de insistir en que el plan de negocios de Petróleos Mexicanos no es suficiente para crecer. Y siguen arremetiendo contra el gobierno lopezobradorista, mismo que les responde diciendo que la economía nacional se sostendrá en no pedir más dinero prestado -el objetivo fundamental de esos organismos internacionales prestamistas como el FMI y el BM-, sino en el ahorro y en el recorte de gastos suntuarios, así como en el combate a la corrupción.

Sobre estas nuevas formas de mirar la economía del país, ha comenzado a caminar la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, cuyo presidente, el diputado morenista Alfonso Ramírez Cuéllar, ha venido reiterando desde julio que el crecimiento se pensará en función del desarrollo y en función de no pedir más dinero prestado a organismos internacionales, que se la pasan ofreciendo dinero prestado a México, al tiempo que lo combaten tratando de inocular zozobra en la gente con la ayuda de medios como televisa y algunos diarios de la capital del país.

Asumir el crecimiento con desarrollo implicará un cambio de rumbo tremendo, respecto de la manera como se concebía el presupuesto de egresos todavía el año anterior.

He aquí algunos ejemplos de cómo se verá el presupuesto próximo: las partidas para carreteras se entregarían directamente a los municipios y no a los gobiernos estatales, que a su vez suelen entregar las partidas presupuestales a compañías constructoras particulares, muchas de las veces propiedad -mediante prestanombres- de gobernadores o de diputados o senadores.  

Las partidas que, por antonomasia, son para inversión pública, ahora serían severamente auditadas por instancias de control interno del ámbito federal.

En la Comisión de Presupuesto han comenzado a hacer una revisión pormenorizada de reglas de operación que, durante años, utilizó la Secretaría de Hacienda para la aplicación y ejercicio del presupuesto.

No les va a ser fácil ejercer el gasto a los gobiernos estatales y municipales, a partir del año próximo. Y de esto va hablar muchas veces el presidente de la comisión de marras, Alfonso Ramírez Cuéllar, en las próximas semanas.

ESTRIBO

En el Congreso mexicano no pasó desapercibido ayer que en Argentina la izquierda se perfila hacia su regreso a la Presidencia.

 

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13/08/2019