
Desafíos del nuevo presidencialismo mexicano
Juan Carlos Gómez Aranda *
Sectores productivos de México, Canadá y Estados Unidos observan con preocupación creciente el 2 de abril en el calendario y cómo el presidente del país vecino martillo en mano y en ocasiones con bulldozer está demoliendo la sociedad económica que se construyó hace 30 años en Norteamérica; mientras tanto, en México se consolida un renovado liderazgo nacional.
El presidencialismo mexicano coloca en una sola persona el Poder Ejecutivo y el mando de las fuerzas armadas, pero, por los usos y costumbres de nuestro sistema, también le entrega el mando del partido dominante, de los gobernadores que a él pertenecen e incluso de los que no y, en razón de los resultados electorales, también el de los Poderes Legislativo y Judicial. Esta preponderancia propicia un uso de facultades constitucionales y metaconstitucionales que significa una enorme responsabilidad ante la Nación, con el añadido de que en este momento no existe oposición en amplias regiones del país y donde la hay, está minimizada.
La presidenta Claudia Sheinbaum está forjando su liderazgo y carácter, fortaleciendo el contacto directo con el pueblo a través de las giras que realiza por todo el país, entre otros recursos. Tras el triunfo contundente debido a sus millones de simpatizantes, las visitas y reuniones en todos los estados le permiten hacer amarres políticos y sumar aliados propios.
Un nuevo presidencialismo basado en una elección popular emerge más fuerte sobre los demás órganos del Estado. Desde su origen, el Congreso ha tenido un papel secundario en la estructura del poder en México, entre otras cosas porque no nombra al presidente como en otras democracias y sobre todo, no cuenta con la atribución de remover al titular del Ejecutivo. Pronto el futuro del Poder Judicial se reconstituirá merced a la reforma en la materia y su nueva composición se definirá a través de comicios.
Como con Juárez, la República es itinerante. En México, la figura presidencial encarna un símbolo poderoso. Daniel Cosío Villegas señaló que en nuestro sistema político el presidente, además de autoridad ejecutiva, es el eje central, el rostro visible y el estilo encarnado de la política nacional. Cada sexenio escribe su propia narrativa, sugiere un tono, define un “modo de ser” del poder.
Podemos hablar de estilos icónicos: Lázaro Cárdenas, el presidente que “bajó al pueblo”, que caminó entre campesinos y obreros y efectuó expropiaciones; Adolfo López Mateos, el modernizador sonriente, que vendía progreso con diplomacia y Andrés Manuel López Obrador, el artesano de la Cuarta Transformación, que hizo de cada gira un mitin y en cada plaza un ritual.
Claudia Sheinbaum se perfila como heredera de esta tradición peregrinante. Su estilo, aún en formación, tiene un sello propio: continuidad en el contacto directo con la gente, pero con el matiz de una nueva sensibilidad territorial. No solo visita estados, entrega obras y define programas: escucha a su gente, la cartografía emocionalmente recoge demandas y busca equilibrar técnica con cercanía.
¿Qué cambia con una Presidenta mujer recorriendo el país, como cuando no existían medios de comunicación instantáneos? Estamos viendo nacer y consolidarse una nueva imagen presidencial, donde el territorio es símbolo de inclusión, reconocimiento y vínculo.
En Chiapas la Presidenta reconoce la pacificación que ha logrado el Gobernador Eduardo Ramírez en tres meses
En Chiapas este estilo de gobernar a ras de tierra adquiere una densidad simbólica y política especial. El estado representa el sur profundo, la deuda histórica, el México indígena, pluricultural y marginado. También la paradoja de un pueblo pobre en un territorio de enorme riqueza cultural y biológicamente megadiverso. Por eso, la decisión de inaugurar en Comitán el primer campus de la Universidad Rosario Castellanos fuera de la Ciudad de México es también un gesto. Fue durante esta visita a Chiapas la semana anterior que se incluyó una agenda de fuerte contenido social y donde la Presidenta reconoció los esfuerzos del nuevo gobierno estatal, particularmente sus empeños y logros a favor de la pacificación.
Además del retorno de las horas serenas a Chiapas existen otros avances importantes. El domingo pasado se realizó la consulta ciudadana en cinco municipios por donde cruzará la Autopista de las Culturas Mayas que comunicará Palenque con San Cristóbal de Las Casas, en su primera etapa Palenque-Ocosingo. El ejercicio democrático resultó favorable para la construcción del proyecto de infraestructura que cambiará la historia social y económica de esa región, cuyos ingresos se destinarán a obras de beneficio colectivo de sus habitantes.
Eduardo Ramírez coincide con Claudia Sheinbaum en que caminar pueblos y ciudades, parajes y montañas, cañadas y selvas, son un método para fortalecer la legitimidad ganada en las urnas y construir identidad y confianza. Esa forma se modela en las plazas públicas, los hospitales, los mercados, las universidades y las asambleas comunales. Claudia Sheinbaum -como figura central del sistema político mexicano- tiene ahora la oportunidad de escribir su propio relato, que la defina por sí misma, con voz propia, con paso firme y con un estilo que, como sus giras, camina con el país, lo escucha, lo entiende y se compromete con la prosperidad compartida que todos anhelamos.
*Coordinador de Asesores del Gobernador de Chiapas y de Proyectos Estratégicos.
.
X: @JCGomezAranda
Email: jcgomezaranda@hotmail.com